al pasar por el campus
y oler bancos y señoritas
de pechos níveos
y habla atropellada
al guardar el mechón
tras sus orejitas
-definitivamente, ellas
son de oreja pequeña
y habla menor-.
Me acordé de ti, Manuel,
y no dolió nada,
pensé, algo bárbara,
que irías por esas calles
con tus libros, tu maleta
y con tu cosa tiesa,
hablando sobre filosofía
pero bebiendo poco.
Te imaginé seductor, a tus años,
y me hizo gracia;
recordé que yo también envejezco
pero que, a pesar de los pechos níveos
de las otras,
de sus orejitas y del tiempo,
no habrás vuelto a amar
cómo me amaste aquellos días
escondidos
en el campus universitario.
Y tal vez tú sí tengas pena.
7 comentarios:
Zasca!
Pumba!
PAM!
Bazinga!
Mina
me gusta tu blog :) me quedo
escribe usted muy bien
Bienvenida, Elena, y gracias.
Agnizab!
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